Entrada del antiguo convento de San Juan Bautista

Entrada del convento

Atravesar la puerta del convento significaba para el fraile mucho más que entrar en un edificio. Era cruzar un umbral entre dos formas de vida: dejar atrás el mundo para comenzar una existencia dedicada de manera especial a Dios, a la oración, a la vida fraterna y al servicio de los demás.

Al entrar en la vida religiosa, el fraile abrazaba los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. La pobreza lo invitaba a vivir con sencillez y libertad frente a los bienes materiales; la castidad, a entregar su corazón enteramente a Dios; y la obediencia, a buscar la voluntad divina en el seno de la comunidad. No se trataba simplemente de abandonar cosas, sino de adquirir una nueva libertad para seguir a Cristo.

Esta puerta puede invitarnos también a pensar en nuestra propia vocación. Toda persona está llamada a descubrir cuál es el camino al que Dios la invita y de qué manera puede entregar su vida al servicio de los demás. La vocación puede vivirse en el sacerdocio, en la vida consagrada, en el matrimonio o en la vida laical: lo importante es aprender a escuchar, discernir y responder con libertad y generosidad a la llamada de Dios.