La Capilla del Rosario forma parte de los espacios que nos permiten comprender el encuentro entre la tradición cristiana traída por los evangelizadores y la manera en que los pueblos indígenas acostumbraban reunirse para sus celebraciones. Durante el proceso de evangelización fue necesario encontrar formas arquitectónicas que facilitaran este encuentro entre dos culturas.
En el mundo indígena, muchas de las grandes ceremonias religiosas se desarrollaban al aire libre, en amplios espacios ceremoniales. Por ello, los espacios abiertos vinculados a los conventos resultaron especialmente adecuados para reunir a grandes comunidades y permitir que la predicación, la enseñanza de la doctrina y las celebraciones cristianas pudieran realizarse ante numerosas personas.
Estos espacios muestran cómo la arquitectura conventual también se convirtió en instrumento de evangelización. El espacio abierto establecía una transición entre las antiguas formas de reunión comunitaria y la nueva liturgia cristiana, permitiendo que la fe fuera enseñada y celebrada de una manera cercana a la experiencia de los pueblos originarios.