Antes de entrar al refectorio, los frailes se reunían en este espacio para hacer una pausa de recogimiento y oración dentro de la jornada conventual.
Su nombre recuerda las primeras palabras del Salmo 130: “De profundis clamavi ad te, Domine”, es decir: “Desde lo profundo a ti clamo, Señor”. Aquí la comunidad hacía memoria de sus hermanos difuntos y de quienes habían sido bienhechores del convento.
Era un lugar de silencio y transición. Antes de compartir el pan, los religiosos recordaban a quienes los habían precedido y se disponían interiormente para continuar la vida comunitaria.
Después de este momento de oración, los frailes pasaban al refectorio, donde compartían los alimentos en comunidad.