Llegamos al final de este recorrido por la Parroquia y Ex Convento de San Juan Bautista de Tetela del Volcán. Atravesar sus espacios ha sido también recorrer siglos de historia: entrar en el templo, caminar por sus claustros, conocer los lugares de oración, estudio, descanso, alimentación y cuidado de los enfermos, y acercarnos a la vida cotidiana de aquellos frailes dominicos que hicieron de este lugar su casa y un centro para la evangelización de estas tierras.
Cada espacio conserva una parte de aquella historia. Sus muros, corredores, pinturas murales y elementos arquitectónicos nos permiten imaginar una comunidad organizada alrededor de la oración, la vida fraterna, el estudio y la predicación. El convento no fue únicamente un edificio: fue un lugar habitado, recorrido y transformado por generaciones de religiosos y por una comunidad que, a través de los siglos, hizo suyo este templo.
Pero esta historia también ha estado marcada por momentos difíciles. El sismo del 19 de septiembre de 2017 ocasionó graves daños en la parroquia y en el antiguo convento, obligando a cerrar importantes espacios de este conjunto histórico. Después de años de trabajos de restauración y recuperación, en 2024 el conjunto pudo ser reabierto, permitiendo nuevamente a la comunidad encontrarse con una parte fundamental de su patrimonio y de su memoria.
El año 2024 tuvo además un significado especial: se celebraron 450 años de la conclusión de las obras del convento, fechada en 1574. Por este motivo se vivió un Año Jubilar, convirtiendo aquel aniversario no solamente en una conmemoración histórica, sino también en una oportunidad para agradecer la presencia de la fe cristiana que ha acompañado a generaciones enteras en Tetela del Volcán.
A esta memoria se une ahora otra celebración de gran importancia: los 500 años de la llegada de los primeros frailes dominicos a México, en 1526. Aquellos religiosos emprendieron una misión que dejaría una profunda huella espiritual, cultural y arquitectónica. El convento de San Juan Bautista forma parte de esa gran historia dominicana que, cinco siglos después, continúa siendo recordada.
El paso del tiempo, sin embargo, también ha dejado ausencias. Debido a las diferentes etapas y acontecimientos que ha vivido la parroquia y el convento a lo largo de los siglos, hoy quedan muy pocos bienes muebles originales. Pinturas, cuadros, imágenes religiosas y otros objetos de valor histórico y religioso que alguna vez formaron parte de estos espacios han desaparecido, se han perdido o ya no se encuentran en el conjunto. Por ello, aquello que permanece adquiere todavía mayor importancia y nos recuerda la responsabilidad de conocer, valorar y conservar este patrimonio.
Al terminar este recorrido, quizá comprendamos que un convento no está formado solamente por piedras antiguas. Cada puerta, cada corredor, cada pintura y cada muro nos hablan de las personas que estuvieron aquí antes que nosotros: frailes que rezaron y estudiaron, comunidades que celebraron su fe, generaciones que cuidaron este lugar y otras que tuvieron que levantarlo nuevamente después de la adversidad.
Cinco siglos después, la historia continúa.
Que al salir de este antiguo convento no solamente recordemos lo que hemos visto, sino que comprendamos que ahora también nosotros somos parte de su historia. Conocer este patrimonio es aprender a amarlo; amarlo nos compromete a conservarlo; y conservarlo permitirá que las generaciones futuras puedan seguir atravesando estas mismas puertas y descubriendo en ellas la memoria, la fe y la identidad de San Juan Bautista de Tetela del Volcán.