El Bautismo es la puerta de entrada a la vida cristiana. Por medio del agua y del Espíritu Santo, el bautizado es incorporado a Cristo y comienza a formar parte de la Iglesia.
Durante los primeros años de la evangelización, este sacramento ocupó un lugar fundamental en la misión de los frailes. Después del anuncio y la enseñanza de la fe, el Bautismo significaba el comienzo de una nueva vida cristiana.
El bautisterio nos recuerda así una de las principales tareas de quienes habitaron este convento: anunciar el Evangelio, enseñar la fe y ejercer el ministerio sacramental entre los habitantes de estas tierras.