Celda del fraile en el Ex Convento de San Juan Bautista

La celda del fraile

Después de recorrer los corredores del claustro alto, el fraile llega a uno de los espacios más íntimos del convento: su celda. Aquí encuentra el silencio necesario para la oración personal, el estudio y el recogimiento.

El reclinatorio nos habla de esos momentos en los que el fraile se queda a solas con Dios. Al comenzar el día puede ponerse de rodillas para encomendarle la jornada; y antes de dormir, volver a la oración para agradecer lo vivido y ponerse nuevamente en sus manos. La oración comunitaria tiene su lugar en el templo y en el coro, pero la celda permite también ese encuentro personal y silencioso con el Señor.

Junto a él, el escritorio recuerda otra dimensión fundamental de la vida dominicana: el estudio. Leer, meditar la Sagrada Escritura y profundizar en la fe forman parte de la preparación del fraile para la predicación. Para un dominico, estudiar no es simplemente adquirir conocimientos: es buscar la verdad para después compartirla con los demás.

Así, en la sencillez de una celda, oración y estudio se encuentran. De rodillas ante Dios y sentado ante los libros, el fraile alimenta aquello que después habrá de llevar a la comunidad y a la predicación.